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Fragmento sobre Bécquer

Yo le clavo en el ojo mi ojo azul. "¿Qué es poesía?" Y primero pienso en que quizás se escuchó demasiado el eco de la mentira: pero él está embelesado mirándome un rizo. Un rizo o las luces detrás de los rizos, quién sabe. De repente sacude la cabeza y entonces me clava también el ojo en el ojo azul, y se sonríe como sin entender mi pregunta, ¿acaso tú me lo preguntas?, pero eso solamente lo leo en el ojo del ojo, y entonces me dice:

"Poesía eres tú."

Poesía eres tú, me dice, y yo empiezo a esbozar una sonrisa. Éste se cree que yo no sé como funcionan las cosas.

Cuando yo lo imitaba él se estiraba hacia atrás en el baño. Nunca supe decir si era de indignación o de agrado ante mis movimientos exagerados y la voz ligeramente gangosa. Entonces pasó todo lo del accidente y en la tele salieron notas sobre eso y también salieron notas sobre la muerte de tal o cual comentarista deportivo. Tres días después a él lo trasladaron a la única iglesia del barrio y antes de la hora de almuerzo en el matinal opinaban sobre las imitaciones del finado: la imitación debe morir cuando se muere el modelo. Yo me fui a mirarlo a él en su caja de madera y me estremecí con el frío de la sala y la inmovilidad de la cabeza detrás del vidrio. Me pregunté entonces si no valdría la pena imitarlo una última vez, pero en eso entró su madre y yo me tuve que morder la lengua para que no se me escapara ninguna de sus frases típicas.

Fragmento sobre albinos

Ese día me levanté con toda la intención de convertirme de una buena vez en la vergüenza de la familia, profundamente rojo y doliente cuando mi mamá llegara a cubrirme completo con extractos de aloe vera y bolsas de hielo; ese día yo iba a correr bajo el sol sin protección alguna por horas, pero abrí las cortinas y ¡el día estaba nublado! El verano, una vez más, me arruinaba todos los planes. Y por eso creo que me di vuelta tan rápido y corrí a bañarme en filtro solar: hasta que no estuviera perfectamente soleado, yo tendría que seguir siendo el ejemplo perfecto de la juventud de piel violentamente clara.

Fragmento sobre lavar ropa

En ese momento me dan ganas de darle un abrazo a mamá, pero ella se me adelanta para levantarse de la silla, y sale corriendo hacia el patio mientras se pone a chillar:
—La ropa, ¡la ropa!
Eso es lo malo de cuando llueve en febrero. Ni siquiera me preocupo de ir a ayudar a mamá, aunque la lluvia es bastante más fuerte de lo que yo habría esperado.

Fragmento sobre morirse

—Entonces me empiezo a morir por dentro.
—¿Y qué más se siente?
—Como cuchillos. Pero es un dolor profundamente agradable:
morir debiera sentirse así, siempre.

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